
El presidente chino Xi Jinping lanzó un mensaje contundente durante un masivo desfile militar en Pekín, declarando que el mundo se encuentra en una encrucijada entre la paz y la guerra. El evento, realizado en la Plaza de Tiananmén para conmemorar el 80.º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en Asia, mostró el poderío militar de China con exhibiciones de misiles hipersónicos, drones avanzados y miles de tropas marchando en formación precisa.
El espectáculo contó con la presencia de aliados de alto perfil, incluido el presidente ruso Vladimir Putin y el líder norcoreano Kim Jong Un, lo que subraya la alineación emergente de potencias que desafían abiertamente la influencia occidental en el escenario global. En su discurso, Xi enmarcó el desfile no solo como una conmemoración de victorias pasadas, sino también como una declaración de la disposición de China para salvaguardar lo que describió como una “nueva era de orden mundial.”
Advirtió que el aumento de tensiones, sanciones económicas y confrontaciones en regiones clave podrían inclinar la balanza hacia el conflicto a menos que las naciones elijan la cooperación por encima de la confrontación. “El mundo debe decidir si busca la paz o sucumbe a la guerra,” dijo Xi, agregando que China seguirá comprometida en defender su soberanía, seguridad e intereses de desarrollo.
El desfile presentó una amplia gama de equipos militares de última generación, incluido el más reciente sistema de misiles hipersónicos DF-27, diseñado para evadir defensas antimisiles, y enjambres de drones de combate capaces de realizar ataques autónomos. Analistas señalaron que la escala y sofisticación tecnológica de la exhibición estaban destinadas a enviar una señal clara tanto al público interno como al internacional:
China está preparada para afirmar su poder y proteger sus intereses estratégicos, particularmente en áreas en disputa como el Mar de China Meridional y el Estrecho de Taiwán. Para muchos observadores, las palabras de Xi reflejaron preocupaciones más amplias sobre un orden mundial fragmentado. La presencia de Putin y Kim en el evento resaltó la consolidación de lazos entre Pekín, Moscú y Pyongyang, creando lo que algunos analistas describen como un incipiente “eje de agitación.”
Los gobiernos occidentales respondieron con críticas, advirtiendo que el tono militarista del desfile y la retórica de Xi corren el riesgo de avivar tensiones en un momento en que la comunidad internacional enfrenta múltiples crisis superpuestas, desde la inestabilidad económica hasta conflictos armados en Europa del Este y Medio Oriente.
A nivel interno, el desfile fue presentado como una celebración del orgullo nacional y la resiliencia, reforzando la imagen de Xi como un líder fuerte en un momento crucial de la política china.
Los medios estatales elogiaron el evento como prueba del ascenso de China como potencia global capaz de moldear las reglas y normas internacionales. A nivel internacional, sin embargo, el mensaje resultó más inquietante: un recordatorio de que las decisiones que tomen los líderes mundiales en los próximos años podrían determinar si el futuro se inclina hacia la cooperación y la estabilidad o desciende aún más en la rivalidad y el conflicto.